*Escuchando: David Bowie - The Man Who Sold The World
Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena.
Mahatma Gandhi.
Sara giró sobre sus pasos y se dirigió a su despacho sin tan siquiera avisar a Álex. Tenía que evaluar la situación detenidamente. Se sentía algo turbada e inquieta por pensar que había sido un error cambiar de vida. Recorrió todo el pasillo alfombrado y giró a la izquierda. Buscó la puerta trece y buscó en su llavero la llave dorada que correspondía a la puerta. Giró la llave. Sorpresa. La cortina aún se movía. La ventana estaba abierta. El cajón de su escritorio, también. Algunos papeles que este contenía estaban aún encima de la mesa. Corrió a la ventana pero no vio a nadie. Es lo malo de estar en un bosque en mitad de la nada. Los árboles, como se suele decir, no le dejaban ver el bosque, pero esta vez, en sentido literal. Cerró la ventana y suspiró mientras hacía un gesto de negación con la cabeza. Aquello estaba pasando de castaño a castaño oscuro. Miró hacia su escritorio y se sentó en su mesa. Era el momento de ver lo que el “visitante sorpresa” había sustraído. Sus cosas, habían sido trasladas desde su anterior puesto de trabajo y colocadas sin su supervisión. Aquel día, era el primero que veía su despacho. Vaya sorpresita.
Tras mirar y remirar cada cosa de su cajón y de lo que el visitante había dejado sobre la mesa, no consiguió recordar nada que echase en falta. Se dio por vencida, guardó todo en el cajón y lo cerró. Miró el reloj, había pasado una hora desde que había entrado en su despacho. Eso le decía que le quedaba otra para preparar la visita burocrática que esa tarde iba a producirse. Sara volvió a preguntarse si todo aquello le merecía la pena. Mientras lo pensaba, se levantó y se acercó a la ventana. Descorrió la cortina y observó el imponente bosque que la rodeaba. Podía incluso saltar la ventana sin el menor esfuerzo y pasear por él. El diseño de seguridad que había programado abarcaba con cámaras y sensores, más de 30 kilómetros de perímetro… ¡Las cámaras! ¡Cómo no lo había pensado antes! Tan solo tenía que llamar a la garita de seguridad para que le facilitasen las grabaciones del día y vería a su visitante sorpresa. Volvió a sentarse en el escritorio y llamó inmediatamente a la garita de seguridad, una voz grave sonó al otro lado del teléfono:
- Control de seguridad.
- ¡Hola! Soy Sara Buendía, llamaba para que me facilitasen las grabaciones recogidas hasta ahora, soy la Directora de Seguridad, despacho 13.
- Hola Srta. Buendía, siento no poder facilitarle esa información. La señorita Santos ordenó esta misma mañana que no se recogiese ninguna grabación del día de hoy por razones de seguridad del cuerpo militar. Espero no causarle….
El guardia no pudo continuar. Sara estaba realmente enfurecida.
- ¿Cómo es posible que la señorita Santos les haya dado una orden sin la consiguiente firma de la Directora de Seguridad? ¿Cómo han podido aceptar esa orden?
- Señorita Buendía… -el guardia sonaba vacilante-, fue el Sr. Marcus quien autorizó dicha orden. Estoy mirando la hoja de solicitud y está firmada por él.
- Increíble –Sara decidió no decir nada más- Muchas gracias por todo.
- De nada señorita Buendía, lo lamento.
Sara colgó el teléfono con la sensación de ser la última tonta de aquella misteriosa y cada vez, más incómoda sede. Recordó que no le había indicado al trabajador de la garita que hiciesen la ronda previa antes de que llegase la visita. Volvió a llamar y les dio instrucciones. No tenía que hacer nada más. Esperar. Toc toc. Tras la puerta cerrada, alguien reclamaba su atención. El estómago le dio un vuelco.
- Adelante.
Tras la puerta, Álex avanzaba hacia el interior de la estancia mientras exageraba los gestos de estar contemplando el despacho de Sara. Hacia muecas y gestos de asombro o repulsa según el objeto al que dirigiese su atención. El jarrón de la mesa pareció no gustarle mucho. Sara sonrió. Era un auténtico ganso.
- Hola peque, ¿qué tal todo por ahí fuera?
Álex se acercó y la besó.
- Bien, el Sr. Marcus ha soltado uno de sus improvisados discursos malos que todo el mundo aplaude sin escuchar, hemos tomado un mal vino con un mal queso y ahora la gente se está preparando para la reunión ¿y tú? ¿algún marrón de última hora? pensé que te habías dado a la fuga y te habías vuelto a la ciudad…-Álex le dedicó una sonrisa-
- Nada… -Sara omitió el detalle del visitante misterioso- todo bien. ¿no vas a entrar a la reunión?
- No. El Sr. Marcus nos ha mandado a casa, al parecer serán él y Cristina Moreno quienes se reúnan con la visita. Así que nada, tarde libre. No está nada mal para ser el primer día de trabajo ¿no crees? –Álex volvió a besarla- A eso venía, ¿te vienes a casa conmigo o tienes que esperar a que termine la reunión?
- Lo que más me extraña de todo esto, es que no hayas sido convocado. –Sara mostró a Álex una clara cara de preocupación-.
- ¿Y por qué tenía que estar convocado? prefiero pasar la tarde en casa la verdad… -dicho esto sonrió, a opinión de Sara, quedándose tan pancho-.
- ¿Por qué eres el Director del Proyecto de lo del cáncer? –Sara intentó moderar su lenguaje ya que esa frase había sonado con excesivo retintín, al final la acabaría pagando con quién menos lo merecía-.
- Bueno Sarita, no le des importancia. Este hecho no daña mi orgullo viril o profesional, así que tranqui ¿vale? –Álex paró de hablar hasta que Sara hizo un gesto de afirmación con la cabeza- ¿Qué? ¿Te vienes a casa?
Sara no tenía la obligación de quedarse, pues ese trabajo podía perfectamente hacerlo el personal de seguridad, pero sin saber porqué las palabras salieron solas de su boca:
- Tengo que quedarme un poco más. Ve a casa y échate un rato, iré en un par de horas.
Entonces fue Sara quién le besó a él. Era como una medicina, aquel rubio era capaz de aportarle más equilibrio y serenidad del que él era capaz de imaginar.
- Vale pequeña. Preparo algo divertido para cuando vengas.
Álex salió del despacho no sin antes volver a besarla. Eran un poco pegajosos. Aunque, lo sabían y les daba bastante igual. El portazo de la puerta apenas ni se notó. Otra vez sola y otra vez atormentada por todas las malas sensaciones que tenía. De repente, hizo gesto de darse cuenta de algo y volvió a la ventana. Observó y después hizo amago de estar buscando el Norte. Pero no, no era el Norte lo que estaba buscando. Se acababa de dar cuenta, de que la rampa oculta bajo las hojas estaba en el lugar opuesto a donde estaba su despacho. Si las ventanas estaban en esa planta casi a ras del suelo, pasaría lo mismo, como es evidente, en el otro lado. Salió el despacho y recorrió el camino del pasillo que le llevaría hasta donde se encontraba ubicado el misterioso lugar. Solo una puerta y una gran cristalera opaca ocupan aquella parte del pasillo. En la puerta del despacho, tan sólo una placa: Servicios Externos de Seguridad. Responsable: Mónica Santos. Sara se aplaudió mentalmente a sí misma. Marcó mentalmente también una X a aquella puerta. De repente, se notó revuelo en el hall del edificio. Sara caminó hacía allí mientras observaba como entraba el sol por los grandes ventanales del edificio ubicados por todas partes. Las cosas como eran. El edificio era una auténtica preciosidad.
En en el hall, se empezaban a amontonar personas, la gran mayoría, personal de seguridad y escoltas. Se fijó en los militares que estaban entrando. No reconocía a ninguno. Vislumbró al Sr. Juan Correas, el famoso político corrupto, acompañado de sus dos escoltas y su inseparable Ipod. Pensó que no sabía como aquel tipejo había llegado a ser político. Al parecer, la gente que trabajaba para él tampoco. Ni imagen ni profesionalidad tenía el pobrecillo. ¿Por eso se dedicaría a mangonear y a hacer maldades…? Según afirman, se le daba bastante bien a aquel moreno de pelo fosco, con gafas de pasta negra estilo retro y algo bajito, pelotear al personal y lamer el culo adecuado. No había culillo que se le resistiera al parecer. Sara sabía que era crítica pero es que… joder, se lo ponían a huevo… Volvió a mirar al grupo militar y afinó más la vista. A lo lejos, vislumbró un rostro conocido, una flor entre el campo de c… : Ivonne. Ivonne había sido compañera suya de maniobras en la Academia y se hicieron grandes amigas. Era abogada del ejército y de un reconocido prestigio y reputación. Adoraba la vida militar y seguía encantada de su trabajo en el cuerpo. Ivonne era muy guapa, de pelo moreno, alta y lucía siempre un bonito moreno de piel. Su acento la ubicaba como nacida en el sur del país. Concretamente, procedía de una isla. Vestía siempre de firmas caras y era adicta a los zapatos. Todo lo contrario a ella, que apenas se preocupaba de esas cosas, pero a pesar de ser tan distintas, se habían caído bastante bien. La mente de Ivonne, ella siempre lo había dicho, era una mente privilegiada. La última vez que la vio había sido promocionada al Consejo Directivo.
A Sara no le apetecía que Ivonne la reconociese en aquellos momentos. Por eso, se ubicó en la lejanía para contemplar el cuadro. El cuadro de los horrores. El Sr. Marcus parecía un perrito lamiendo el trasero al personal militar. A su vez, el Sr. Correas se lo lamía al Sr. Marcus. Este, a su derecha e izquierda disponía de otros dos perrillos que se lo lamían a él: Mónica y Cristina. Mónica parecía lamer también un poquito el pompis de Cristina. A Cristina, parecía no quedarle culillo libre, así que pareció abstenerse. Un día de descanso no la vendría mal… Sara soltó una carcajada sin poder evitarlo. Se sentía mala, pero se lo estaba pasando pipa de observadora. Por un momento, agradeció que no la hubiesen convocado, aunque no dejó de tocarla las narices ver como las pelotas de turno hacían su papel. Nunca le gustaron los pelotas, la verdad, y mucho menos las gallinas de corral, pero que se le iba a hacer… la función, debía continuar. Aunque, no con ella ese día. Estaba demasiado ofuscada y una sensación de decepción invadía su cuerpo. Quería evitar esa clase de sensaciones. Volvió al despacho a por su bolso y decidió irse a casa. Cerró con doble llave y se aseguró de dejar cerrada la ventana.
Antes de salir por la garita de seguridad, recordó que no había comentado el incidente del “asalto al despacho 13” con nadie de su departamento. Frenó el paso. No sabía qué hacer. Tenía la corazonada de que, no decir nada, sería la opción más prudente dada la situación. Recordó lo que un día, un buen amigo le dijo: “amiga mía, Templanza, Inteligencia, Paciencia y Prudencia”. Desde entonces era uno de sus padrenuestros para la toma de decisiones y además, tenía en aquellos momentos una especie manio-psicosis, hablando en plata: no se fiaba ni de su sombra. Siguió andando y se encomendó a la prudencia de mantener el secreto, comunicó en la garita que dejaría su coche allí el resto del día y se marchó. Volvería caminando, a ver si se le aclaraban un poco las ideas. Cuando iba a girar para coger el camino rural que unía la RMA con el término rural de Hamartia, vio aparecer un vehículo conocido: el coche de Pepe “el picón” (al parecer le llamaban así por lo de los pimientos de padrón, que unos pican y otros no). Era la mano derecha de Mónica Santos y otro de los recién incorporados que tampoco le causaba mucha confianza. Había trabajado en su sede en el Norte del país quince días antes del cambio a Hamartia. Al parecer, había trabajado directamente para el Sr. Marcus. Según cuentan las malas lenguas un día quiso ser artista. Lo intentó en el cine, pero ni con Almodóvar lo consiguió. Acabó en el paro y muerto de hambre hasta que el Sr. Marcus le recogió. Ahora su nombre le sigue viniendo al pelo, pues se distingue por ir cantando por soleares por las tabernas con los compañeros de la RMA. No debe medir más de metro cincuenta y nueve. Lleva el pelo rapado al cero y tiene una cabeza muy grande en comparación con su cuerpecillo flacucho. Quizás por su corta estatura y un sinfín de complejos que no podría analizar aquí, gastaba una mala leche de impresión. Eso sí, procuraba no mirar directamente a los ojos a quien reprendía a no ser que fuese más bajito que él (o que se diese la circunstancia de que el sujeto estuviese sentado y él, de pie). Una curiosa y analizable conducta. Eso sí, de picar, no picaba absolutamente nada.
Sara, fue repasando mentalmente el día mientras caminaba. Se dio cuenta, de que a todos los que había puesto una X eran personajes que parecían sacados de lo más profundo del armario de Tim Burton. Soltó otra carcajada mental. Reconocía que a veces, se pasaba de crítica, pero aquellas circunstancias la mantenían alerta. Los sujetos que parecían estar de tras de un “algo” que aún ella no identificaba, aumentaban sus malos presentimientos.
Se fijó en el cielo, el atardecer en medio del campo era realmente precioso. El calor de junio era sofocante, pero a aquella hora, ya se podía caminar. No había ninguna nube en el cielo. Miró hacia delante y vio que le quedaban apenas unos metros para entrar en el callejón de El Ermitaño. Cogió una piedra y la guardó en su bolsillo. Una rara costumbre. Ya en el callejón, sus oídos solo escuchaban el eco del taconeo de sus zapatos. Su cabeza, casi daba en el techo. El callejón era diminuto. A mitad del túnel, notó que el eco del taconeo se doblaba. Se acababa de multiplicar por dos. Había otra persona tras de ella. Intentó no preocuparse y pensar tonterías, quedaban bastantes metros para salir de aquel largo callejón. Es evidente, que dada su ubicación en el pueblo (conectaba el campo de la RMA con la ciudad) su nombre de El Ermitaño respondía a que no solía caminar más de una persona a su vez en el interior de él. El personal de la RMA, no había abandonado aún sus hábitos de ir con el coche a todas partes y eran pocos los que volvían caminando. Los pasos de atrás parecían acelerarse. La persona que iba detrás, andaba cada vez más rápido. Sara no quería girarse. Tampoco se sentía segura si no lo hacía. Distinguió que los pasos eran de zapatos de tacón. Quién estaba detrás era una mujer y parecía cada vez, estar más cerca. Sara sabía que tenía que girarse, la inmovilidad que tenía ahora mismo en los hombros denotaba que estaba tensa. Dejó de andar rápido y disminuyó el ritmo de sus pasos. Entonces lo hizo, se giró. Y sin lugar a dudas le sorprendió lo que vio:
- ¡¿Sigues en forma ehhh?!
Ivonne se abalanzó sobre ella y la dio un fuerte abrazo.
- ¿Cómo estás Sarita? –Ivonne, la soltó y la miró con cara de profunda alegría-
- ¡Vaya susto me has dado! jajajaja, ¡que placer verte!, -Sara dio dos besos a Ivonne- lo que jamás me imaginé que fuese en este perdido pueblo.
- Bueno no creas, este pueblo está cogiendo mucha relevancia con la RMA. Todo es esperar y vendrán en seguida cuatro listos a construir casas, teleféricos y parques para sacar tajada. Cuestión de tiempo. Pero no hablemos de eso, ¿te importaría que diésemos un paseo?
- No claro, después de tanto tiempo sin verte… dame un segundo que llamó a casa para decir que voy a retrasarme.-Sara hizo amago de ir a buscar el móvil-
- Perfecto, si quieres puedes llamar de camino al coche –Ivonne dijo esto mirando fijamente a Sara y con cara de “es una orden”. Aquel día, parecía que no iba a resultar tan aburrido como los anteriores-.
- ¿Al coche? –Sara miró a Ivonne con una cara de estupefacción-
- Si Sara, sabía que estabas aquí. Es evidente que vengo a sabiendas. Es una larga historia, pero si me acompañas no solo te la contaré, sino que tendré que pedirte mi ayuda. Siempre puedes negarte… pero creo que sabes que en mí puedes confiar.
Tras decir esto, Ivonne se quedó callada mirando a Sara. Sara sabía más que de sobra, que podía confiar en ella, pero todo aquello estaba ocurriendo demasiado rápido, y a pesar de saber que pasaba algo, aún no sabía ni podía relacionar que era ese algo. Aunque lo que sí sabía, era el factor “quienes”, e Ivonne, de seguro, iba a confirmárselo. Era presumible que si Ivonne estaba en el callejón de El Ermitaño, que a su vez estaba ubicado en el trasero del mundo, hablando con ella y pidiendo que la acompañase después de más de cinco años sin verse, es porque algo ocurría.
- Sé que puedo confiar en ti boba –Sara sonrió- venga vamos, mientras voy llamando a Álex para decirle que voy a retrasarme.
- No te entretendré mucho, tengo que estar de vuelta antes de que terminen la reunión. Y ya me contarás quien es ese tal Álex que ha hecho que te relajes –Ivonne miró a Sara mientras se partía de risa ella sola-.
Con eso y la mirada del callejón estaba confirmado: Ivonne iba a hablarle de la RMA. El coche estaba ubicado justo en el exterior del túnel. Eso indicaba que Ivonne había salido tras ella cuando vio que se iba. Más o menos ese era el tiempo que había tardado en encontrarla: 3 minutos.
Colgó a Álex y se subió al interior del Opel Astra gris oscuro de su amiga. Ivonne no hizo amago de arrancar. Bajó su ventanilla y ofreció un cigarro a Sara. Sara bajó su ventana y lo aceptó. Era curioso que le ofreciese un cigarro Ivonne, ya que ella, no fumaba.
- ¿Esa era tu marca no? –Ivonne sonrió mientras miraba a su antigua compañera-
- Sí, -Sara le dedicó una sonrisa de complicidad- Fortuna, ¡aún te acuerdas!
- Bueno, más que acordarme, que eso lo recuerdo gracias a que me ahumabas constantemente, ejem… también tengo que confesar, que he echado un vistazo a tu expediente.
- Vaya, así que lo que sea va en serio.
- Sí Sara, intentaré ir al grano para no demorarme mucho en detalles, los detalles, otro día.
Ivonne se movió dentro del coche para buscar algo en el asiento de atrás. Sara miró como cogía un maletín negro. Ivonne volvió a sentarse y mientras abría el maletín, continuó:
- Bien, primero debo comentarte, algo que supongo que no sabes, pues soy consciente que hasta hace poco, no conociste a los otros dos socios que encabezan las siglas de la RMA –Ivonne hizo una pausa, posiblemente para observar cómo se sentía su amiga tras saber que había sido vigilada. Para Sara, lo que le había dicho ya era pista suficiente, era una experta en la materia-. Bien, yo soy la sobrina de Benito Ramírez. Su mujer, Carmen, es hermana de mi madre.
- Sí, le conocí el otro día, al parecer tiene todas las papeletas de llevarse el Nobel ¿no?
- Bueno… ya sabes que eso nunca se sabe, aunque merecerlo lo merece. Como habrás podido comprobar por su ausencia, ha dejado siempre la directiva al Sr. Marcus. Está profundamente metido en su trabajo y tan sólo sale de su madriguera para cenar y llevar el sábado por la tarde a su mujer al cine. Está obsesionado con la investigación y especializado en trabajar con fórmulas matemáticas para averiguar el fin del cáncer… es todo un idealista, aunque tiene los pies en la tierra. Hace pocos días los bajó de golpe. Fue antes de entrevistarte. No te asustes por lo que vas a escuchar. Tanto mi tío como el Sr. Amancio, se han acostumbrado desde siempre a delegar la dirección del centro al Sr. Marcus. Algo muy poco estratégico por su parte, pues cuando fundaron la empresa, al Sr. Marcus le conocían de oídas. Pero ya se sabe que zapatero a tu zapato, por lo que como lo único que aportaba el Sr. Marcus al terreno de la ciencia era la pasta, no podía hacer otra cosa que dirigir. Fue recomendado por una íntima amiga de mi tío. Al parecer el tío era todo un lince… y de lince que se ha pasado cuatro pueblos. Pero no quiero adelantarme. Tanto el Sr. Ramírez como el Sr. Amancio han estado entregados a su labor en el centro, pero tan entregados han estado que no han visto venir la trama. Aún no sabemos cuál es la conspiración, pero se han descubierto dos libros de contabilidad dentro de la RMA. Uno legal y otro no. Los fondos del segundo tampoco sabemos donde están. Para averiguar esto infiltramos a un trabajador del cuerpo militar que le fue recomendado al Sr. Marcus. Este, en ningún momento podía imaginarse que le iba a mandar yo. Tampoco creo que sea consciente de que el Sr. Ramírez tiene una sobrina en el Órgano Directivo. Más aún cuando tiene relación muy íntima con sectores muy “sucios” del ejército. Tan sucios, que son los que acompañan siempre al Sr. Correas y los que le cubren siempre y destruyen las pruebas que puedan incriminarle cada vez que se mete en un escándalo. Tan sucios que se venden por un puñado de millones a cualquier empresa que esté dispuesta a dárselos. Perdona mi tono. Estoy indignada. Me parece increíble que haya gente así dentro del cuerpo.
- Dime una cosa, -Sara carraspeó- ¿Qué te llevo a infiltrar al contable?
- Cierto, no te lo he dicho. No fue por un hecho probado. Fue por una intuición. Me enteré de que el ejército había solicitado a una redacción de un periódico nacional a las cuatro de la mañana, antes de que imprimiesen la edición del día siguiente, que retirasen y le devolviesen unas fotos. Me mantuve al loro del tema. Al día siguiente, le pregunté a un compañero de confianza del Área de Comunicación. Me las mostró cuando se quedó solo en el despacho. En ellas, tomadas en las afueras de un conocido restaurante, se despedían con alegría varios militares, el corrupto Sr. Correas y el Sr. Marcus. Relaciones un tanto raras y dispares como pensaba mostrar la prensa en su portada del día siguiente. No pudo ser, el ejército, como siempre, fue más listo que el hambre.
- Vieja bruja… -Sara le dedicó una sonrisa-. Sigue.
- Había otras tres personas más en esa fotografía. Esas tres personas fueron las que más me llamaron la atención. Más aún cuando conseguí sus expedientes y los leí. Sus expedientes… policiales.
- ¿Policiales? ¿Quiénes eran?
Ivonne sacó del maletín negro tres carpetas marrones sin gomillas. Colocó el maletín en su regazo y puso las carpetas encima. Le dijo a Sara que se aproximase un poco más para poder verlas mejor. Antes de abrir la primera, Ivonne miró el reloj, tras hacer gesto de estar calculando mentalmente, le dijo a Sara que tenía veinte minutos más. Sara se sentía intrigada por quién estaría dentro de esas carpetas. Dentro del maletín, Ivonne parecía tener otras muchas archivadas de la misma forma. Sin duda eran resúmenes suyos de toda la información que había recabado. Estaba convencida de que la RMA al completo, estaba en el interior de ese maletín. Ivonne hizo gesto de abrir la primera carpeta. En ella, algo que ella había visto muchas veces, el clásico expediente con la foto en blanco y negro y folios de hojas amarillentas mecanografiados a ordenador, con múltiples anotaciones manuales en distintas tintas de boli. El nombre y los apellidos, estaban puestos en una tipografía grande y fácilmente legible. La foto, ya no dejaba lugar a dudas de quien era el sujeto en cuestión. El primer expediente, pertenecía al doctor Garrido, el famoso oncólogo que en Hamartia se haría cargo del Área de Salud Mental y Psiquiatría. No cuadraba para nada que un oncólogo de éxito fuese pasado a otro departamento, y cuánto menos Salud Mental, y cuánto menos… existiendo un proyecto “supuestamente revolucionario” en la lucha contra el cáncer.
- Yo me los sé de memoria, toma échale un vistazo –Ivonne se lo tendió mientras miraba por la ventanilla del coche y volvía a mirar el reloj-.
Sara la cogió y al abrirla vio la foto del Sr. Garrido. El titular decía su nombre completo: “Carlos Garrido Martín”. Le había visto alguna vez en persona; era un tipo gordo y muy bajito, con bastante poco pelo ya, y con el poco que tiene rapado para intentar disimular una evidente calvicie. Su sonrisa parecía llevarla siempre forzada. Su cara es algo rara y tiene un poco aspecto de hobbit –no comparable ni mucho menos a Pepe “el Picón”, su ojito derecho (o chico de los recados) quién por sus gestos y cuerpecillo de escombro es conocido como Gollum… (¿recuerdan? mi tesssssoorrroooo)[1].
- Mejor te lo explicó yo que voy a ir más rápido, mientras los vas mirando por encima, que si no, te me vas por las ramas.
Ivonne le tendió los otros dos a Sara y la guiñó el ojo. Sara no dudó, lo primero que hizo fue ver los otros dos nombres que tenía en sus manos. Allí estaban: “Mónica Santos” y “Pepe el Picón”. Se sorprendió al no ver el nombre real del tal Pepe. Le preguntó a Ivonne:
- Tantos años debe llevar con ese nombre que nadie sabe el real. Ya sabes, proviene del mundo de los artistas –Ivonne usó un tono humorístico para estas últimas palabras-. Nos vale con Pepe el Picón, cuando haga falta, mandaremos a los polis que pierdan un poco el tiempo con este canijo y lo averigüen, aunque no te preocupes, aún así, tenemos su historial delictivo.
- Supongo que es más que suficiente –Sara suspiró mientras ojeaba las carpetas- ¿a qué nos enfrentamos?
- Empecemos por Garrido. Como sabes es médico de salir en prensa diaria. Famoso por premios, condecoraciones y todo ese tipo de cosas. Pero tiene un lado oscuro. Según parece, algunos detractores de Garrido, hartos de su forma de ser tan déspota y poco humilde, a lo que se añadieron un par de chivatazos a tiempo, se han dedicado a estudiar a sus pacientes tras sus tratamientos “mágicos”. Se ha observado un alto contenido en sustancias no habituales, incluidas drogas duras en sus mezclas. Al analizar a los pacientes, dos de cada cinco comenzaron a desarrollar esquizofrenia. Lo más duro, es que uno de cada diez, viven en un manicomio en régimen de prisión. Todos estos han cometido un delito y han sido juzgados. Curiosamente, el delito es el mismo: asesinato en primer grado. ¿Curioso verdad? Además con agravantes que prefiero no contarte para no revolverte el estómago. Posteriormente a esto, el ejército, y con esto me refiero a los buenos, tomó parte en la investigación en colaboración con los médicos que ya estaban en ellas. Al cabo de los meses, los pacientes empezaron a destruirse a sí mismos, tanto psicológicamente como físicamente, de cuarenta que hemos conseguido encontrar y que participen con nosotros, treinta y seis ya no se encuentran en posesión de sus facultades. Ahora curiosamente, va a ser trasladado a esta nueva área que hay en la RMA, ideada, desde el principio, por el Sr. Marcus y contraria a la opinión del Sr. Ramírez y el Sr. Amancio.
Ivonne volvió a mirar el reloj.
- Mierda Sara, tengo que irme. Te resumo rápido y te hablo de los expedientes otro día. Los otros dos son personas acusadas de espionaje ilícito, escuchas telefónicas, chantaje y corrupción. Dos joyitas. Se conocen desde hace años pero simulan no hacerlo. El Sr. Marcus si lo sabe. Aunque dudo que conozca en profundidad sus hazañas ilegales. Lo más importante Sara: yo vengo de contraespionaje, es decir, la militar que encabeza todo esto, Elisa, una cuarentona solterona y acomplejada que quiere engañar al personal y pasar por rubia buenorra, -Ivonne sonrió al saber que la que mejor entendía sus chistes ácidos era Sara- piensa que la apoyo. Es decir, que soy de su bando y que me he mojado también en esto para vigilar la parte legal del “ilegal” asunto. Eso es lo que tendrás que hacer tú a partir de ahora. Tejer tu estrategia y ayudarme a avanzar. Ya sabes que mi tío y Amancio no están enterados del motivo por el que hay dos cuentas contables en esta sede de la RMA. Es cuestión tuya descubrirlo, aunque habiendo gente como la que ya has visto en su participación, te aseguro que será peligroso. Siento meterte en esto amiga, pero creo que eres la más indicada. Mi tío hace mucho que sospechaba del Sr. Marcus, pero nunca tuvo pruebas ni “hilos” de dónde tirar para averiguar si tramaba algo. Tu incorporación a la RMA fue tejida desde el ejército. Mi tío y el buen Sr. Amancio me lo pidieron. Está claro que ahora te necesitamos, ¿Qué me dices?
- Parece mentira que me lo preguntes Ivonne, estoy contigo a muerte. Para eso estamos los polis buenos ¿no?
- Genial entonces. Toma mi tarjeta. Por tu móvil no te preocupes que lo tengo –Ivonne le guiñó un ojo a Sara-. Buscaré otro momento y otro lugar mejor para que nos reunamos.
- Está bien morena, nos vemos pues.
Se dieron dos besos y un abrazo e Ivonne se marchó. Sara, se dio cuenta que no le había dicho a su amiga lo de la rampa subterránea ni el incidente del despacho. Se lo diría en su próximo encuentro. Estaba anocheciendo. Comenzó a caminar y volvió a recorrer el callejón de El Ermitaño. Tenía mucho trabajo y mucho análisis por delante…
CONTINUARÁ…
[1] Pirada de pinza de la autora.

13 Comentarios:
Te vas superando pekeña! Esta genial la historia. ¿Que pasará? tachán tachán!!!
15/03/2009 11:06:00Un besazo enorme! tQ
ayyyyyyyyyyy que hay que esperar una tercera parte!!!! esto se pone demasiado interesante.
15/03/2009 14:07:00por cierto chica, vaya descripciones, es alucinante, tengo una imagen en la cabeza del sitio, de quien es cada uno.... estoy deseando saber más!
genial relato por fascículos, esto demuestra lo rica que puede llegar a ser la blogósfera. no hay duda de que llegarás a lo más alto.
ánimo y sigue brindándonos momentazos así ;)
La trama se complica y mejora en intensidad. Las descripciones inmejorables. Logras que se dibujen en la mente tanto los lugares como los personajes. No se porque pero me suenan conocidos.
15/03/2009 23:24:00Felicidades y esperamos la tercera con "mono" literario.
Amancio
Y queda todavía mucha trama por descubrir. Hay que destaparlos.
16/03/2009 01:56:00esto es sublime jajajajja. por dios aurora, gracias por el deleite... el primero era bueno pero este.... es fantástico... y aún queda más... definitivamente: quiero más. ojalá lo pongas pronto.
16/03/2009 02:03:00un abrazo
Feliciades por tus relatos. Eres increíble y lo que cuentas y describes más aún. Esto se lo cuentas a la gente y no se lo cree, pero es la triste realidad. No estás sola y tú lo sabes. Animo y destapemos la olla, apaguemos el fuego y no dejemos que el vapor inunde la estancia, abramos la ventana y dejemos que el aire fresco haga su trabajo. En algunos lugares huele a putrefacto.
16/03/2009 14:53:00K-H7
Uffff... Cada vez me intriga y me interesa más las historia, por la narración y por lo que me ha dicho Starling... Os encanta hacernos pensar, par de dos (bueno de tres, jeje, que no me olvido de la otra Aurora y más aún tras su nuevo y brillante artículo):P
17/03/2009 00:53:00Es increible cómo vas introduciendo elementos en la trama, consiguiendo así que el interés del lector aumentando. Vamos, que vas metiendo personajes, escenas, pensamientos e, incluso anécdotas, para conseguir lo que deseas...
Y finalmente, Ivonne, otra chica sugerente en el relato y que refuerza todo lo anterior. Parece que es o va a ser una pieza clave... Veremos.
Muy bien Aurora, no puedo decir otra cosa. Se te ocurren miles de cosas en el momento preciso para que cada pieza vaya encajando y para que, por otro lado, el misterio siga presente... Tienes una capacidad enorme. Por eso te va tan bien en esto.
Seguiremos leyendo a ver cómo acaba esto... ;-)
Un saludo :)
veo que por estos lugares abunda la imaginación porque hay que tener muuuucha para llegar a esa conclusión!
17/03/2009 13:25:00los relatos son pura inventiva, cualquier semejanza con la realidad está en la mente del que lo piensa...
no tengo ni idea de si hay una especie de subtrama, y si la hay (no sria capaz de pillarla) denota que tu maestría es cada día superior.
17/03/2009 21:12:00nos mantienes en suspense con una rica historia, llena de descripciones dignas de admiración y de detalles que con imaginación y una narrativa excelente expones. Ya digo que si además de eso has simulado una escena real bajo una fachada es que eres una maestra.
enhorabuena, estoy deseando seguir leyendo.
un admirador
joder tía me encantan tus relatos ¡premio planeta ya!
17/03/2009 21:38:00un beso y que sepas que ando mordiéndome las uñas con el siguiente.
un abrazo
el pirata retourn ;-)
Aún así.-.. qué gran fuente de inspiración es la realidad... o no?... estará todo en tu cabeza... pero por qué... jajajaj
18/03/2009 13:08:00Bso y escribe la III ya que me muero por el desenlace!!!!!!!
Ánimo con la III parte pequeña! Tu puedes!
18/03/2009 22:09:00como se nota donde hay salero, talento, gracia y buen estar.. jodida! eres un crack! después de esto me tatuo tu nombre en el pecho xD
18/03/2009 23:59:00besos!
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